¿El aprendizaje es algo tan trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?
Efectivamente hablar del término aprendizaje no puede ser tratado de forma superficial, al contrario siempre ha sido un tema de reflexión, ya que la interrogante de ¿cómo el ser humano aprende?, sigue siendo un tema de investigación a lo largo de la aparición de las diferentes teorías cognitivas, quienes nos han ido ilustrando sus saberes. Su complejidad es tanto, ya que con respecto al texto, son muchos los factores que inciden en el proceso de enseñanza/aprendizaje; como son los factores personales (motivación, inteligencia, estrategias, experiencias previas, autoconcepto, etc. Y socioambientales, como el clima escolar. Práctica docente, relación con los compañeros, intervención psicopedagógica, etc. Donde los factores personales hacen referencia fundamentalmente al estudiante y sus diferencias individuales, mientras que los factores socioambientales tienen que ver con el contexto donde se desarrollan los procesos de enseñanza-aprendizaje, en el que son fundamentales diversas variables que inciden en el fenómeno educativo.
Las variables van en relación, a los conocimientos, habilidades, destrezas y capacidades con las que cuenta el estuante, al enfrentarse a un conocimiento nuevo, donde lo anterior marcará la diferencia entre un aprendizaje y un aprendizaje significativo. Ya que para esto en ellos existen conocimientos previos que al relacionarse, aparezcan más interesantes al alumno.
En este proceso educativo la competencia, es el logro que se espera alcance el alumno, al poner en movilidad los aprendizajes logrados, con respecto a la práctica y contexto donde se desenvuelve.
La competencia es la construcción social de interacción reflexiva y funcional de saberes significativos -cognitivos, procedimentales, actitudinales y metacognitivos- enmarcada en principios valórales, que generan evidencias articuladas y potencia actuaciones transferibles a distintos contextos apoyadas en el conocimiento situacional (holístico, contextual y correccional), identificados a través de evidencias transformadas en realidad.
En la competencia podemos distinguir diferentes tipos de saberes (interacción); el sujeto es consciente de cómo y por qué se aprendió (meta cognición) y de qué formas se dan estas relaciones, además de identificar las posibilidades de mejora (reflexión). Saber, poder, y querer se alinean rumbo a un mismo objetivo (funcionalidad). Está presente un conocimiento de base, pero también un conocimiento que se desarrolla en la propia aplicación o realización de determinada actividad, dando como resultado la improvisación sustentada (conocimiento situacional). Es conveniente examinar la naturaleza del conocimiento y no sólo utilizarlo como una herramienta disponible (Edgar Morín); así los saberes implícitos en la competencia considerarían un meta conocimiento en el que se es capaz de reconocer e identificar el error y la ilusión, y un saber estratégico, que hace "referencia al saber implícito del experto que está en la base de su capacidad de utilizar conceptos, hechos, y procedimientos a fin de realizar tareas y resolver problemas".
Es aquí donde las estrategias de enseñanza como docentes surgen con gran relevancia, pues el planificar contenidos que sean útiles y lúdicos para nuestros alumnos, es un reto; ubicarlos en situaciones problemáticas reales de la vida cotidiana o global y obtener soluciones y aprendizajes significativos, significa como docentes estar al lado de ellos para aprender también y reflexionar de los errores y los éxitos.
El evaluar el conocimiento no debe basarse tan sólo en lo conceptual, pero cómo evaluar los procedimientos, actitudes y valores de los alumnos, cuando en ocasiones no somos justos y nos dejamos llevar por situaciones ajenas o que influyen en una ponderación. La evaluación es uno de los temas más complejos del quehacer educativo por qué en él intervienen factores institucionales, ideológicos, metodológicos y personales. La evaluación no sólo consiste en aplicar técnicas novedosas, sino que debe llevarse a la reflexión en torno a ella desde el servicio docente, sin dejar de considerar el contexto que la rodea. Calificar, medir, acreditar, certificar, retroalimentar y tomar decisiones son facetas de la evaluación, que integradas adecuadamente en el proceso educativo pueden acercar más a los procesos de formación, pues se trata de evaluar para construir la experiencia, para intentar hacerla más cercana a lo que en verdad sucede en un proceso de desempeño de los alumnos, para que se transforme en un intento por ver, reconocer, validar, y emitir un juicio, en un momento determinado del aprendizaje asimilado, expresado y reconstruido por parte de nuestros alumnos.
Por lo tanto la evaluación ante una competencia, un aprendizaje significativo y un aprendizaje situacional, deberá ser respondente, es decir que realmente nos ayude a medir los logros de avance con respecto a los contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales; Los indicadores marcarán la ruta a seguir para lograrlo; no necesariamente tendremos que utilizar un examen escrito, hoy en día existen una infinidad de instrumentos que podrán ayudarnos a lograr nuestro cometido.
domingo, 13 de junio de 2010
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Hola maestro Hugo, una buena reflexión a la cuestionante, espero que sus compañeros visiten su espacio de conocimiento. Saludos.
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